Querido lector/a, quiero comenzar este episodio compartiendo una historia Zen fascinante, la cual me ha hecho reflexionar sobre el camino del expatriado. La historia dice así:
«Había una vez un discípulo que buscaba la iluminación y la sabiduría espiritual. Pasó años estudiando con su maestro zen, practicando la meditación y trabajando en el monasterio a diario. Finalmente, después de un largo período de aprendizaje y búsqueda interior, el discípulo experimentó un profundo despertar espiritual. Había alcanzado la iluminación que tanto había anhelado y había obtenido una nueva perspectiva sobre su vida. Por fin lo había conseguido.
Entusiasmado por su logro, el discípulo buscó a su maestro para compartir la noticia. Con una sonrisa en el rostro, le dijo: «¡Maestro, lo he logrado! He alcanzado la iluminación y ahora veo la verdad detrás de todas las cosas».
El maestro zen, sereno y sin impresionarse por la declaración del discípulo, le preguntó con calma:»¿Y qué crees que ocurrirá ahora?»
El discípulo, a pesar de haber alcanzado supuestamente la iluminación, se quedó sin palabras. Su maestro, sonrió y le respondió: «Antes de la iluminación, el hombre lava arroz y corta leña. Después de la iluminación, el hombre lava arroz y corta leña».
El discípulo quedó desconcertado por la aparente simplicidad de la respuesta del maestro. Esperaba algo más grandioso o profundo, pero el maestro le estaba mostrando que, a pesar de su logro espiritual, se tendría que seguir centrando en las responsabilidades diarias y las tareas mundanas, pues son esenciales para la vida».
LAVAR ARROZ Y CORTAR LEÑA: EL CAMINO DEL EXPATRIADO

Los expatriados y sus familias emprendemos un viaje que va mucho más allá de un simple cambio de residencia. Es una travesía llena de aprendizajes, crecimiento y adaptación constante. En la historia zen que te compartí el maestro recuerda a su discípulo que, incluso tras alcanzar la iluminación, la vida sigue con sus tareas cotidianas. De la misma manera, en el proceso de adaptación a un nuevo país, hay momentos de gran descubrimiento junto a la necesidad de seguir enfrentando el día a día.
UN MITO EN LA EXPATRIACIÓN
Muchos expatriados parten con la idea de que, tras una fase de ajuste, alcanzarán un estado en el que todo encajará perfectamente. Lamento decirte que no es así, esto es un mito. Esperan que, en algún punto, la incertidumbre desaparezca y la estabilidad sea permanente. Sin embargo, al igual que en la historia zen, la vida nos muestra que siempre existen y existirán cambios, retos y nuevas lecciones que aprender. La expatriación no es un destino final, sino un proceso continuo de adaptación y evolución.

Vivir en un nuevo país implica momentos de “iluminación” cuando entiendes mejor la cultura, dominas el idioma o sientes que finalmente perteneces. Esto significa que te enfrentaste a la burocracia, las diferentes culturas y a momentos de arraigo y desarraigo con resultados positivos, pero llegarán otras situaciones que te harán salir de tu zona de confort relativa. Lo importante es que encuentres un sentido en cada etapa, sin esperar que llegue un momento en el que todo sea sencillo o definitivo, ya que el aprendizaje está en el camino.
Cuando todo parece estar medianamente controlado, probablemente llegue un nuevo movimiento y por eso hay que aceptar la dualidad de este modo de vida.
Como expatriados, tú y tu familia tendréis que aprender a moveros entre dos realidades: la de la exploración y el descubrimiento, y la de la cotidianidad con sus tareas diarias. El hecho de saber y aceptar que ambas coexisten alivia la presión de alcanzar un estado ideal y permite disfrutar de la experiencia del presente con mayor serenidad.
No importa en cuántos países residas, cuántos idiomas aprendas o cuán integrado estés en la nueva comunidad, siempre habrá aspectos cotidianos que gestionar. Desde encontrar una nueva vivienda hasta ayudar a tus hijos a adaptarse al colegio. La expatriación es un equilibrio constante entre lo extraordinario y lo mundano.

El verdadero éxito del expatriado no se mide en la cantidad de oportunidades que aproveches o en el grado de adaptación que alcances, sino en la capacidad que tengas de disfrutar y aprender de cada fase del proceso. Abrazar la incertidumbre, aceptar la rutina y seguir adelante con resiliencia es la verdadera iluminación del expatriado. Entonces será cuando disfrutarás el camino del expatriado allá dónde te encuentres.
Porque, al final del día, todos seguimos lavando arroz y cortando leña, sin importar en qué parte del mundo nos encontremos.
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Cuenta Contigo, Cuenta Conmigo.
Gracias, gracias, gracias.
Casti Yuste.
